miércoles, 14 de marzo de 2012

Un Hilo


Un día se paseaba Buda por los cielos junto a un lago.
Allí en el fondo del infierno vio a un hombre que había muerto hacía poco.
Buda era compasivo y quería ayudar a todos.
Este hombre estaba en el infierno porque era ladrón.
Pero un día había hecho una obra buena, pues habiendo visto una araña, tuvo ganas de aplastarla pero se arrepintió, pensando que podía ayudarle a seguir con vida.
Buda, reconociendo ese buen gesto del ladrón, quiso recompensarlo.
Por eso arrojó a las profundidades del lago en cuyo fondo estaba el infierno, un hilo de araña muy largo que llegó hasta el infierno donde estaba el ladrón.
Este lo vio y creyó que era una cuerda de plata.
Pero no podía convencerse de ello.
Por fin se agarró a él con intención de subir hasta la superficie.
Subía y subía, temiendo que se rompiera.
Cuando ya pensaba que estaría lejos del infierno, miró hacia abajo y vio que mucha gente subía detrás de él agarrados a la misma cuerda.
Se llenó de miedo, pensando que la cuerda no aguantaría con el peso de todas las personas.
Se enfadó y los maldijo.
El pensaba que bien se podrían haber quedado en el infierno.
Y en ese momento la cuerda se rompió por encima de sus manos.
Y cayó él con todos los demás, de nuevo al infierno.

La misericordia y la bondad encuentran a veces el egoísmo por respuesta. Y el egoísmo siempre acarrea mal.
Todo deseo de mal hacia los demás recae siempre también en uno mismo.


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